ARTE VIRREINAL

En esta sección, se pueden recorrer algunas de las obras que marcan la época virreinal en lo que otrora fuera la Nueva España. Estas imágenes tienen ciertas particularidades, pues a partir del Concilio de Trento, la Iglesia reafirmó su control sobre la producción artística. En los siglos XVII y XVIII se favoreció la representación de imágenes religiosas a través de la alegoría y los símbolos como medio expresivo.

Debido a que se privilegió la función didáctica de la imagen religiosa, una gran parte de las obras novohispanas son anónimas. Comúnmente, la obra no interesaba como objeto artístico sino como objeto de culto y como medio para transmitir un mensaje. Se privilegiaba la relación objeto-espectador en detrimento de la relación objeto-autor. A través de esta sala, podrás conocer algunos de los mejores ejemplos de pintura virreinal del norte del país.

 

PIEZAS CLAVE DE ARTE VIRREINAL

Estudiar algunas piezas de arte virreinal te transportan automáticamente a las raíces del México contemporáneo, del núcleo principal donde se gestó gran parte de nuestra cultura actual: religiosidad, lenguaje, estilos artísticos y cultura. Consulta los videos con información adicional de algunas obras, presionando la imagen.

 

«La Visitación», Miguel Cabrera, Óleo sobre tela, Siglo XVIII.

Durante la Colonia se realizaron series de pinturas para narrar las vidas de los santos, de Cristo y de la Virgen María. Estas tres obras pudieron ser parte de una serie didáctica en un convento o tal vez conformaron un retablo hoy desmantelado.

«Alegoría de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino», Anónimo novohispano, Óleo sobre tela, Siglo XVIII.

Santo Tomás de Aquino aparece en la cima de un montículo en un rompimiento de gloria. Viste el hábito dominico y porta el sol y la cadena en el pecho. La pluma y el libro lo distinguen como eminente filósofo y Doctor de la Iglesia. El Espíritu Santo, en forma de paloma blanca, parece hablarle al oído sobre la Revelación divina. De la boca del santo se vierte un caudal de agua hacia una pila, de la cual abrevan un mercedario, un franciscano, un dominico y un jesuita.

«Sor María Margarita Marcelina» Miguel Cabrera, Óleo sobre tela, Siglo XVIII.

En la época colonial era costumbre que los familiares de una futura monja mandaran a hacer dos retratos de la joven. El primero, todavía ataviada “como en el siglo”, es decir antes de la vida religiosa, y el segundo ya con el hábito como en el día de su profesión.

«Virgen Dolorosa», Anónimo mexicano, Óleo sobre tela, Siglo XIX.

La obra en pequeño formato Virgen Dolorosa es una delicada pintura al óleo sobre lámina de cobre. Está lujosamente enmarcada en plata. Como Dolorosa, María viste túnica rosa y manto azul muy oscuro. Se caracteriza por su rostro afligido y por tener las manos entrelazadas.

«Exvoto dedicado a Nuestra Señora de la Salud de Pátzcuaro», Michoacán, Anónimo novohispano, Óleo sobre tela, Siglo XVIII.

Los exvotos son pinturas de agradecimiento a un santo, la Virgen o Cristo por cuyo auxilio le fue posible al donante salvar su vida de un accidente o una enfermedad. Estas manifestaciones pictóricas de la religiosidad popular eran encargadas por los fieles a pintores frecuentemente anónimos.

«Taller de Nazaret», Anónimo novohispano, Madera policromada y estofada, Siglo XVII.

En este relieve se representa al Niño Jesús ayudando a san José a serrar un madero. Este tipo de representaciones de la infancia de Cristo se hicieron más frecuentes a partir del siglo XVII, cuando se consolidaron nuevas devociones como el culto a la Sagrada Familia.

«Virgen de Guadalupe», Anónimo mexicano, Óleo sobre lámina, Siglo XIX.

La aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en 1531 dio inicio al culto religioso más importante de México. En el siglo XVI, fue controvertido por el clero y los españoles. En el XVII la advocación de Guadalupe fue impulsada por los criollos y el clero secular. Desde ese entonces y hasta ahora, la Guadalupana ha combinado el sentimiento político y religioso de la nación mexicana.

«Presbítero Francisco Peláez, sacristán mayor de la Parroquia de Santa Catarina Mártir», Anónimo novohispano, Óleo sobre tela, Siglo XIX.

El retrato del Presbítero Francisco Peláez cumple con los cánones del género a finales del siglo XIX. El personaje aparece representado de medio cuerpo, en una postura sobria de tres cuartos y rodeado de los atributos que representaban su condición de hombre de la Iglesia y del Estado. La mirada está dirigida fuera del cuadro a un punto impreciso y distante, como la expresión facial del retratado.

«Custodia», Plata sobredorada, fundida y cincelada, Siglo XVIII.

La explotación minera y el beneficio de la plata en la Nueva España tuvieron una importancia económica que fue reconocida por la Corona Española desde principios del siglo XVI.